Pero…

¿tú no te llamabas Carmen?

Si me conoces desde hace un tiempo puede que te estés preguntando que ha pasado con mi nombre. Si recuerdas, siempre me presenté como Carmen M. Rodrigo. En esa M está el secreto.

Durante años en el ámbito laboral y académico casi todo el mundo me ha llamado Carmen, pero en mi casa siempre fui esa M, fui Marina.

Como ves, he tenido una vida un poco bipolar. Puedes imaginarte las risas cuando de pequeña celebraba mi cumpleaños y se juntaban amigos del cole con mi familia. Unos me llamaban Carmen, otros Marina. Y luego estaba mi abuela que me llamaba Carmen Marina.

Este lío me ha perseguido siempre y hasta ahora no había dado el paso definitivo para cambiarlo.

Tú que tienes un negocio sabes lo importante que es un nombre. Y, sobre todo, sentirte identificado con él, sentir que ese nombre eres tú y refleja todo lo que vales.

Eso justo me ha pasado a mí toda la vida. Nunca llegué a sentirme 100% Carmen, siempre quise ser Marina.

Me ha costado 32 años, pero ahora ya puedo decirlo:

Hola, soy Marina. Encantada de conocerte 🙂