Ya no puedo sola

Compártelo

El 19 de febrero de 2024, justo hace 2 años, estaba subida a un AVE de camino a una notaría de Madrid.

Pero antes de llegar a la notaría, viajemos un poco más lejos en el tiempo…

Últimamente en Instagram nos hemos puesto nostálgicos y muchos estamos desempolvando recuerdos de 2016. Por alguna razón, parece que hace 10 años fue un momento importante en nuestras vidas. Para mí lo fue.

Empecé 2016 con muchas rupturas. De pareja, de hogar… y también de negocio. En 2012 había creado mi primera empresa. En 2016 la cerré. Y se abrió ante mí la nada. Y el todo.

Me había quedado sin empresa y sin trabajo. Laboralmente, sí o sí tenía que empezar de cero. ¿Qué quería hacer? ¿En qué quería trabajar? ¿Cómo?

Decidí seguir con lo que más me gustaba de mi primera empresa: el diseño web. Pero me iba a tocar hacerlo desde un lugar diferente. Ya no tenía una empresa y una marca comercial que me “protegiera”. Y no quería crear otra. Así que 2016 fue el año en el que empecé a trabajar bajo mi marca personal. 

Mi marca personal me hizo mirarme al espejo de una manera diferente y rebuscar mucho dentro de mí. No te voy a decir que fue un camino fácil, porque ¿cuándo es fácil poner en marcha un negocio? Pero sí un viaje apasionante. 

Un camino de enfrentarme a mis fortalezas y, sobre todo, a mis debilidades. De conocer a mucha más gente que vivía de dar la cara en y por su negocio. De tener que formarme en decenas de disciplinas. De ser capaz de ponerme en el traje de diseñadora web pero también en el de CEO, contable, community manager, copywriter, marketera, atención al cliente, formadora, organizadora de eventos, publicista… 

No sé cuántas profesiones he podido tener en estos años para que mi negocio saliera adelante. Seguro que muchas de las que tú también vas compaginando en tu día a día.

En 2020 el negocio ya “iba solo”. Ya tenía una buena cartera de clientes y los proyectos seguían llegando.

Cuando llegó la pandemia, todo eso se multiplicó por diez. Mis clientes necesitaban escuelas online, ecommerce, landings, automatizaciones, newsletters, membresías… y los que aún no eran clientes porque no tenían web todavía, la necesitaban para ayer. 

Durante varios meses de ese 2020 trabajé todas las horas del día. Hasta que no pude más.

Ya no podía sola.

Justo en ese momento, mi exsocio Blai se había quedado sin trabajo y me propuso echarme una mano “a ratos”. Esos ratos pasaron a ser unas pocas horas a la semana, media jornada y, al final, todas alas horas laborables de su día también. 

Así estuvimos 4 años. Yo seguía dando la cara con mi marca personal. Pero, por detrás, trabajábamos ambos en cada proyecto que llegaba y mis clientes empezaron a cogerle cariño y a contar con él tanto como conmigo. He perdido la cuenta de en cuantas webs trabajamos juntos. Pero por nuestras manos han pasado webs de cantantes como Zahara, referentes como Vilma Núñez, Diana Zuluaga o Maider Tomasena, escritoras como Patricia Benito, médicos como El Neuropediatra, estudios de arquitectura como Cu4 Arquitectura, bodegas de vino como Bodegas Naranjo o Casar de Burbia… 

Mientras tanto, en Madrid, mi más viejo mejor amigo César acababa de montar su propia empresa de desarrollo web, Gyoza, e intentábamos trabajar juntos siempre que podíamos. Buscábamos proyectos en los que coincidir, nos pedíamos feedback sobre todo lo que íbamos haciendo, nos dábamos consejo para sortear el día a día…

Pero conforme pasaban los años, volví a tener la misma sensación: ya no puedo sola.

Saltemos de nuevo a ese tren en el que iba el 19 de febrero de 2024 camino de una notaría de Madrid.

8 años después de ese cierre de empresa, estaba camino de una notaría para abrir una nueva.

Me había resistido mucho (preguntárselo a César) porque no quería volver a llevar una SL, no quería renunciar a mí libertad como autónoma, no quería perder lo que tanto me había costado construir.

Hasta que me di cuenta de que repetía mucho que “ya no podía sola” pero hacía mucho que no estaba sola. 

Que nunca había estado sola. Que desde que comencé a diseñar web, había colaborado en decenas de proyectos de diseño gráfico con Nere, había escrito copys con Conchi, había acompañado a Dani a sesiones de fotos delante y detrás de las cámaras, había creado servicios nuevos con Marta, había trabajado el SEO con Kristina y Flor, había contado con Guille y Alba para echarme una mano cuando las mías no daban para más…Y, sobre todo, Blai, que es una de personas que mejor me conoce en el mundo, se había convertido en mi socio de facto desde hacía varios años.

Así que acabé sucumbiendo a la realidad: ya no estaba sola. 

Y así fue como nació vorágine

Blai, César y yo nos sentamos hace dos años ante un notario y nos hicimos socios también sobre el papel. Y creamos esta casa que nos ha dado refugio en lo profesional y en lo personal.

Desde entonces, desde este pequeño estudio llamado vorágine, hemos diseñado más de una veintena de webs pero también imagen corporativa, lanzamientos, automatizaciones..  para marcas personales, pequeñas empresas y algunas más grandes.

Como ves, nunca nos ha importado el tamaño. Solo la compañía.

Así que te sientes solo con tu negocio digital, pásate por vorágine y te acompañamos 

Esta también es tu casa.

Recibe estas cartas en tu email

Al enviar aceptas la política de privacidad. Los datos que proporciones al enviar este formulario, serán tratados conforme la normativa vigente de Protección de Datos y gestionados en un fichero privado por Vorágine Digital SL. La finalidad de la recogida de los datos, es para responder únicamente y exclusivamente a tu solicitud. En ningún caso tus datos serán cedidos a terceras personas. Puedes consultar más información en nuestra política de privacidad.

Una newsletter diferente

Nunca sabes cuando Pastiche va a aparecer en tu bandeja de entrada. Escribo esta newsletter tan solo cuando realmente tengo algo importante que decirte. Así que cuando llegue a tu buzón, te aseguro que será con noticias jugosas e interesantes para seguir impulsando tu web y tu negocio. Sin ruido.

¿Te apuntas? :)