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Tengo una carta para ti
Un par de veces al mes escribo y mando una carta que llega directa a tu buzón. En ella te cuento por qué tienes esa sensación con tu web de “esto no acaba de funcionar y no sé por qué”.
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Cartas anteriores que ya llegaron a su destino
Estoy perdiendo el tiempo
La semana que viene, cuando ya hayamos estrenado el mes de agosto, mi hijo cumplirá un año. Durante estos últimos doce meses en casa hemos hecho malabares con el tiempo para intentar llegar a todo. Sé que no somos los únicos. Y que tengas hijos o no, es muy probable que también tengas esa sensación constante de que te faltan horas en el día. En medio de esa vorágine, algunos días le decía a mi pareja que no se hacía una idea de cuánto tiempo pierdo mirando a nuestro hijo. Simplemente viendo cómo sonríe, gatea, come, se chupa un dedo o descubre el mundo. Dije literalmente eso, “perder el tiempo”. Y él, que es mucho más pragmático que yo, me contestó que como mucho puede que pase tiempo mirando a nuestro hijo. Que incluso puede que esté invirtiendo tiempo en él. Pero que, desde luego, perder el tiempo no es
Agua de coco
Para navidad mi pareja me regaló un masaje relajante. Sí, ya sé que voy tarde. Pero desde que hemos sido papás la verdad es que los momentos de relax no abundan en casa. Así que hace unos días, por fin decidí que era hora de aprovechar mi regalo y agendé esas dos horas de silencio, tranquilidad y cuidados para mi cuerpo. Cuando llegué al centro, sonaba música hindú y flotaba en el ambiente un olor entre incienso y vainilla. La masajista me acompañó hasta la sala de masaje que estaba ya iluminada con velitas titilantes. En la camilla me había dejado preparada una bandeja metálica con unos bombones y un vasito de madera de agua de coco. El agua de coco estaba fresquita, con un punto dulce y llena de energía. Aromatizada por la madera del vaso. Brillante por la luz de las velas. El agua de coco estaba riquísima.
No iba a mandarte este mail
No iba a mandarte este mail. Pero hoy es mi cumpleaños y me apetecía escribirte. Así que, aquí me tienes, cumpliendo treinta y todos y dándome un capricho 🙂 Llevo semanas, más bien meses, queriendo recuperar está newsletter. Contarte lo que pasa por aquí, por vorágine, por la vida. Pero me resisto una y otra vez. Y cuando me resisto es porque algo me chirría. O no me cuadra. O me da miedo. Quizás una combinación de las tres. Y creo que mi resistencia tiene nombre: ruido. No sé si soy la única, pero muchos días siento que todo el mundo habla. Todo el rato. Todo estamos hablando. Todos queremos decir lo nuestro. Mostrar nuestros éxitos. O nuestros fracasos (estos siempre con una moraleja que los transforme finalmente en éxitos). El buen testimonio que nos han dejado. El proyecto perfecto que ha pasado a engrosar nuestro portfolio. Todo el mundo
Ya no puedo sola
El 19 de febrero de 2024, justo hace 2 años, estaba subida a un AVE de camino a una notaría de Madrid. Pero antes de llegar a la notaría, viajemos un poco más lejos en el tiempo… Últimamente en Instagram nos hemos puesto nostálgicos y muchos estamos desempolvando recuerdos de 2016. Por alguna razón, parece que hace 10 años fue un momento importante en nuestras vidas. Para mí lo fue. Empecé 2016 con muchas rupturas. De pareja, de hogar… y también de negocio. En 2012 había creado mi primera empresa. En 2016 la cerré. Y se abrió ante mí la nada. Y el todo. Me había quedado sin empresa y sin trabajo. Laboralmente, sí o sí tenía que empezar de cero. ¿Qué quería hacer? ¿En qué quería trabajar? ¿Cómo? Decidí seguir con lo que más me gustaba de mi primera empresa: el diseño web. Pero me iba a tocar hacerlo