No iba a mandarte este mail.
Pero hoy es mi cumpleaños y me apetecía escribirte. Así que, aquí me tienes, cumpliendo treinta y todos y dándome un capricho 🙂
Llevo semanas, más bien meses, queriendo recuperar está newsletter. Contarte lo que pasa por aquí, por vorágine, por la vida. Pero me resisto una y otra vez.
Y cuando me resisto es porque algo me chirría. O no me cuadra. O me da miedo.
Quizás una combinación de las tres.
Y creo que mi resistencia tiene nombre: ruido.
No sé si soy la única, pero muchos días siento que todo el mundo habla. Todo el rato. Todo estamos hablando. Todos queremos decir lo nuestro. Mostrar nuestros éxitos. O nuestros fracasos (estos siempre con una moraleja que los transforme finalmente en éxitos). El buen testimonio que nos han dejado. El proyecto perfecto que ha pasado a engrosar nuestro portfolio.
Todo el mundo hablando. Todo el mundo queriendo ser escuchado. Pero poca gente queriendo escuchar.
Y no sé a ti, pero a mí me agota.
Sentir que tengo que demostrar cada día y de forma constante porque mi empresa o yo somos especiales. Que si el elevator pitch. La propuesta de valor. El embudo de servicios. El customer journey.
Y mientras otro carrusel hecho con IA igual que los 10 que acabo de ver. Otro vídeo invitandome a un webinar, una masterclass... Otro lead magnet para descargar.
Y, no voy a ser hipócrita, yo también he sido, soy y puede que sea en algún momento, parte de esto.
De todo ese ruido que hace que tenga limitado el uso de Instagram en mi móvil a 15 minutos al día.
Ahí mi propia contradicción. La paradoja.
Por eso antes de hablar más, quiero escucharte.
Me gustaría escribirte un par de veces al mes. Pero no mandarte una newsletter, sino una carta.
Una carta que puedas leer tranquilamente.
Sin ningún mensaje de escasez, sin plazas limitadas y ni ofertas que desaparecen en 24 horas. Sin decenas de enlaces o llamadas a la acción recorriendo cada texto.
Tampoco quiero ser naif, porque diseñar webs (y enseñar a diseñarlas) es mi profesión, es lo que me da de comer. Así que mis historias incluirán experiencias reales, proyectos en los que hemos estado trabajando, herramientas que considero te podrían ser útiles y menciones a algunos de nuestros servicios.
Pero, sobre todo, serán cartas con historias. Con algunas experiencias. Con mi visión de las cosas, que seguramente no sea especial, simplemente una más que quizás pueda abrir una conversación que nos enriquezca tanto a ti como a mí.
Pero una carta solo tiene sentido si hay alguien al otro lado que la contesta.
Por eso he querido empezar con este mail que no estaba previsto. Porque la vida, por mucho que nos empeñemos, no se puede calendarizar.
Y, sobre todo, porque escribir aquí solo tiene sentido si a ti te apetece escuchar y hablarme también.
Porque sí, el ruido satura. Pero hay algo peor: el silencio absoluto.
Si te apetece que hablemos, te espero al otro lado. Para lo que sea: para decirme si estas cartas también te generan ruido, o que te aportan algo, para contarme cualquier cosa.
¿Hablamos?
Un abrazo