La semana que viene, cuando ya hayamos estrenado el mes de agosto, mi hijo cumplirá un año.
Durante estos últimos doce meses en casa hemos hecho malabares con el tiempo para intentar llegar a todo. Sé que no somos los únicos. Y que tengas hijos o no, es muy probable que también tengas esa sensación constante de que te faltan horas en el día.
En medio de esa vorágine, algunos días le decía a mi pareja que no se hacía una idea de cuánto tiempo pierdo mirando a nuestro hijo. Simplemente viendo cómo sonríe, gatea, come, se chupa un dedo o descubre el mundo.
Dije literalmente eso, “perder el tiempo”.
Y él, que es mucho más pragmático que yo, me contestó que como mucho puede que pase tiempo mirando a nuestro hijo. Que incluso puede que esté invirtiendo tiempo en él. Pero que, desde luego, perder el tiempo no es lo que hago.
Y no me quedó más que darle la razón.
Me quedé pensando en todas esas veces que he usado y sentido esa misma expresión. Esa pérdida de tiempo.
Los días que he creído que salir a dar un paseo con mi perro era perder el tiempo. Que quedar a tomar un café con alguien era perder el tiempo. Que sentarme a leer un libro era perder el tiempo. Que dedicarme una hora a hacer la comida en medio de mi jornada laboral era perder el tiempo.
¿Lo has sentido tú también? ¿Que cuando haces cualquier cosa que no sea ser productivo cada minuto, cada hora, cada día, sientes que estás perdiendo el tiempo?
Y lo peor es que incluso pasa cuando estás trabajando.
Porque hay veces que vas a una reunión y sientes que estás perdiendo el tiempo. Que pararte a renovar o poner al día tu web es perder el tiempo. Que ir a un evento a conocer gente o a aprender algo es perder el tiempo. Y todo el rato piensas que deberías estar delante del ordenador contestando un email, adelantando ese proyecto o revisando la contabilidad del mes. Porque, si no, efectivamente, estás perdiendo el tiempo.
Así que si durante este año te has visto alguna vez diciendo (o sintiendo) que perdías el tiempo, te invito a que este mes de agosto, tal y como hizo mi pareja, intentes cambiar ese verbo por otro.
Tanto si tienes vacaciones como si no, ojalá que este estío puedas invertir tu tiempo en la gente que quieres. En las cosas que te gustan. En descansar. En leer, pensar, nadar, pasear, dormir, soñar…
Y que cuando acabe el verano tan solo sientas que has ganado el tiempo.
Un abrazo.
P.D. Y si una de esas cosas que llevas meses aplazando porque "no es el momento" es tu web, cuando vuelvas de vacaciones lo hablamos. Porque renovarla no es perder tiempo: es invertir en ti y en tu negocio.