La semana pasada estuvimos vaciando el trastero. Tirando un montón de zapatos viejos que no sé ni por qué guardé. Ordenando algunos recuerdos de los que todavía no me quiero desprender. Y desempolvando algunas reliquias.
Entre todas las cosas que encontré, estaba uno de mis primeros ordenadores portátiles. Me lo compré cuando todavía estaba estudiando en la facultad y, contra todo pronóstico, 15 años después todavía fue capaz de encenderse de nuevo.
Pasé un rato entretenido echándole un vistazo a algunos de los trabajos que hice cuando estudiaba Comunicación Audiovisual y Periodismo. Había uno sobre medicamentos pediátricos, otro sobre la discriminación que sufre la etnia gitana en los medios de comunicación, otro sobre la importancia divulgativa de Jane Goodall y Dian Fossey para dar a conocer a los grandes primates…
Y también me encontré con algo más: uno de mis primeros currículums.
Por aquel 2010, mi currículum se limitaba a mis estudios y una vida laboral como becaria infinita en varias radios locales.
Me dio ternura leerme tantos años después.
Pero, sobre todo, fui consciente de cuántas cosas he hecho en este tiempo y ni siquiera me había dado cuenta de ello.
Últimamente cuando hablo con mis amigos les digo que me da la sensación de que los días se me hacen muy largos, pero las semanas muy cortas. Me parece que desde que desayuné esta mañana han pasado 12 horas. Y, sin embargo, el lunes pasado me queda a años luz.
Esa misma sensación me pasó al ver mi currículum. Me pareció increíble que hubieran pasado más de 15 años (¡15 años!) desde que acabé la carrera. Desde que hice mis prácticas. Desde que decidí que, para trabajar gratis, prefería trabajar para mí que para otros y comencé a pensar en montar algo por mi cuenta.
Y me puse a pensar en todo lo que vino después:
- montar un periódico digital
- gestionar mi primera SL
- darme cuenta de que no me gustaba el periodismo
- lanzarme sin red al diseño web
- cerrar la SL
- empezar con mi marca personal
- mis primeras charlas
- viajar a Perú para grabar los cursos de Crehana
- dar clases en la universidad
- diseñar más de 250 webs
- montar vorágine…
No sé si a ti te pasa, pero me da la sensación de que cuando tenemos nuestro propio negocio muchas veces caemos en una sensación de inmovilismo.
No tenemos a nadie externo que nos ascienda de puesto, nos asigne nuevas responsabilidades o nos dé un aumento de sueldo.
Y eso hace que pensemos que estamos igual que hace unos años. Que se nos amontonen los días y siempre vivamos con esa sensación de estar empezando de cero: intentando cerrar el siguiente cliente, perseguindo a alguien para que nos pague la factura, formándonos en la última novedad de nuestro mercado, preparando otro presupuesto, publicando en redes sociales, aprendiendo un poco más de marketing…
Nos parece que muchos días no hemos avanzado nada. Que ha sido otro día más. Que no estamos yendo a ninguna parte.
Y lo único que necesitamos es distancia.
No sé si tienes alguno de tus primeros currículums a mano. Pero si te apetece hacer un poco de arqueología vital, búscalo.
Échale un vistazo.
Ya me contarás si también te da ternura esa mini versión tuya.
Y si también, igual que me pasó a mí, descubres algo más por todo lo que has hecho este tiempo (incluso sin darte cuenta): una pizca de orgullo.
Que nos sirva como gasolina para esos días en los que creemos que no pasa nada y, en realidad, está pasando todo y todavía no somos capaces de verlo.
Un abrazo,
Marina
P.D: Hay otro currículum que no guardas en el trastero: tu web. Si al abrirla tampoco reconoces a quien eres ahora, escríbeme y le echamos un ojo.